¿Os suena? (publicado en Por un trabajo digno en los medios de comunicación)

Reproducimos el texto publicado en el blog contra la precariedad laboral ‘Por un trabajo digno en los medios de comunicación’

“Denuncian en la web de la APC el caso de una compañera del periódico Noticias Locales, en El Puerto. El suyo, el de Bárbara, es otro ejemplo más de la precariedad laboral que soportamos. Aunque ella se ha atrevido a denunciarlo públicamente y hay que reconocerle el mérito.
Bárbara ha estado trabajando dos años y medio como redactora responsable de varias cabeceras, con un contrato indefinido (como diría aquél, ojo al dato) de operadora, trabajando doce horas diarias, pero cotizando sólo 36 horas a la semana. Su sueldo no llegaba a los mil euros (qué baratas salen las responsabilidades en el sector éste). Tras darse de baja por estrés, la empresa dejó de pagarle dos meses y, al final, fue despedida a primeros de octubre de manera improcedente. No obstante, su finiquito no contempla otros derechos que Bárbara está reclamando ahora mediante los servicios jurídicos de la APC.
Y ahora digo yo, ¿acaso no os suena la historia?”.

La denuncia en la APC

“Desgraciadamente los casos de precariedad en los medios de comunicación son mucho más que una simple estadística y todos conocemos a compañeros que sufren en sus carnes condiciones de trabajo abusivas.

Es el caso que nos ha contado la compañera Bárbara Boto, que ha tenido un final traumático en su relación profesional con el diario gratuito de El Puerto de Santa María Noticias Locales, donde trabajaba como redactora responsable de varias cabeceras, tras más de dos años y medio y estando con un contrato indefinido.

Bárbara ha estado trabajando con un contrato de una categoría profesional equiparable a la de una limpiadora (con todos los respetos para esta digna profesión que no requiere de estudios universitarios). En concreto con un contrato de operadora, grupo de cotización siete, de nivel nueve. El resto de las condiciones laborales de Bárbara hablan por sí solas. Jornadas laborales de más de 12 horas diarias a menudo por la sobrecarga de trabajo a pesar de estar cotizando únicamente 36 horas semanales, un sueldo inferior a mil euros, ni asomo de cobro de horas extras, etc. Algo excesivamente repetido en medios de comunicación.

La cosa aún empeoró en noviembre del año pasado cuando la empresa se retrasó en el pago de los sueldos de los trabajadores, y Bárbara reclamó lo que le pertenecía. El destacarse en este sentido le valió que la relación con su jefe se deteriorara hasta el punto de sentirse discriminada respecto a sus compañeros en el trato (reuniones a las que no se le convocan, comentarios machistas, problemas con las vacaciones…).

Bárbara era la única mujer en la redacción, ya que las anteriores compañeras habían ido dejando el periódico, y se tuvo que hacer cargo de sustituirlas, es decir, de hacer por el mismo sueldo el trabajo que antes hacían ellas. Además de contar con menos periodistas, los nuevos proyectos de la empresa (más cabeceras y páginas web), lo que se tradujo en un volumen de trabajo mayor. Todo ello con un mal ambiente laboral.

Bárbara empezó a sufrir extraños accidentes como páginas que se borran, papeles que desaparecen, mesas que se desordenan y se ensucian, etc. Todo ello desemboca en una baja médica por estrés el 24 de junio. La reacción de la empresa es dejar de pagar los meses de agosto y septiembre. A pesar de las muchas veces que Bárbara trató de ponerse en contacto con la empresa por el tema de los impagos no encontró respuesta a sus peticiones.

Finalmente fue despedida a través de un burofax el día 8 de octubre, un despido ya reconocido como improcedente. El finiquito no ha contemplado el pago de vacaciones pendientes y otros asuntos que Bárbara está reclamando a través de los servicios jurídicos de la APC. Desde aquí contamos su caso, por si anima a otras personas a denunciar situaciones similares.

Por desgracia Bárbara no se ha sentido acompañada por los compañeros de su empresa. Desde aquí mostramos nuestra solidaridad y aspiramos empezar a articularnos y a apoyarnos entre compañeros, porque si no, nadie va a mover un dedo por nosotros”.

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